De aventón en aventón fui avanzando hasta Belice y de regreso en menos de una semana, mordida por mil mosquitos y dándome la oportunidad de asomarme apenas un poco a este pequeño país de habla inglesa que colinda con México. Realmente necesitaría bastante más tiempo para poder tener una opinión real de esa tierra, pero lo cierto es que encontré mucha gente maravillosa, entre ellos una cálida familia de rusos de gran corazón y fuerte determinación, quienes compartieron su hogar y su granja conmigo.
Al volver a Guatemala recibí el último jalón del día de un trailero y su familia entera y me tocó irme en la parte de atrás de un trailer lleno de dulces, con las piernas colgando hacia la ruta y varios entusiastas compañeritos de aventura. Otro bellísimo atardecer Centroamericano y... Llegué una vez más a San Benito.
Pasé una buena cantidad de tiempo caminando por la ruinas recolectando las semillas para cocinarlas después, y también algunas pequeñas que empezaban a germinar.
Un ex-trailero me dejó en el kilómetro indicado en las instrucciones que alguien me pasó por mail y de pronto estaba ahí... junto a un río de un azul increíble, rodeada de naturaleza y sin escuchar un sólo sonido que no fueran aves y viento.
No estuve tan segura de estar en el lugar correcto porque justo arriba del dibujo del arcoiris que daba la bienvenida a los visitantes, había un letrero que decía "Prohibido el paso, propiedad privada."
Pero seguí el camino, esperando que no fuera a salir nadie con una escopeta.
Me sentí bastante aliviada cuando vi las primeras tiendas de acampar y aún mejor cuando los vi. Debajo de una lona azul, un montón de gente de todas las edades agitaron las manos y gritaron "¡Bievenida a Casa!"
Algunos me abrazaron y me sentí muy feliz de encontrarme con Jordan, a quien había conocido antes en Vipassana.
No tenía idea en ese momento de que tan ciertas eran esas primeras palabras con las que me recibieron... Estaba, en verdad, por fin llegando a casa.
Meditar, cantar, cocinar, jugar, nadar, pintar, enseñar, trabajar y estar en la naturaleza son sólo algunas de las cosas que me han tocado hacer hasta ahora en este campamento semilla.
Después de sólo un par de días de amar a estos bellos desconocidos me di cuenta de que sí, me sentía en casa por primera vez en mucho, mucho tiempo.
¡Estamos construyendo una aldea temporal! ¡Y es un trabajo duro! ¡Limpiar maíz, cortar madera, hacer caminos, contruir cosas! Y todo esto con el propósito de construir juntos este hogar al que soñamos volver... Viajeros, creadores, agricultores, gente con todo tipo de búsquedas espirituales, que vienen de todos lados del mundo: en camiones, barcos, aviones, caminando, todos unidos para esto... el nuevo comienzo que esperamos para la humanidad.
Nuestros vecinos de las comunidades Quechi han venido a visitarnos un par de veces y me parece muy inspirador ver a gente de culturas y tradiciones tan distintas compartiendo nuestro amor por la tierra y la naturaleza, estos padres que nos mantienen con tanto amor y paciencia. Aceptándonos todos como hermanos.
Gabriel, el guardián de la finca, recibió con alegría las semillas de Ramón que empezaban a germinar y estaba emocionado de plantarlas y ver si el majestuoso Ojoche crecería en aquel clima un poco más frío.
Pensé que vendría a este encuentro sólo un par de días y planeaba regresar a México la próxima semana, pero ahora que encontrado este hogar, no creo que vaya a ir a ningún otro lugar. Estoy exactamente donde debo estar.
Gabriel, el guardián de la finca, recibió con alegría las semillas de Ramón que empezaban a germinar y estaba emocionado de plantarlas y ver si el majestuoso Ojoche crecería en aquel clima un poco más frío.
Pensé que vendría a este encuentro sólo un par de días y planeaba regresar a México la próxima semana, pero ahora que encontrado este hogar, no creo que vaya a ir a ningún otro lugar. Estoy exactamente donde debo estar.
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